jueves, 15 de enero de 2009

Una de mis pasiones


El fútbol. No lo entiendo, ni pretendo entenderlo. Porque es así. El (para mí mal) llamado "deporte rey" es una de mis pasiones desde que era apenas un criajo. Me encanta tanto jugarlo, como verlo en la tele. Para que os hagáis una idea: hace un par de semanas estuve viendo a través de Castilla-La Mancha TV el encuentro Conquense - Puerto Llano. ¡Pero si hasta veo los partidos del Calcio italiano! Permitidme compartir con todos vosotros algunas de mis reflexiones sobre el fútbol...
Una de las cosas que más me sorprende es la cantidad de detractores del fútbol con los que me he ido encontrando a lo largo del tiempo. No sé, a mí un deporte puede llamarme más o menos la atención, incluso no gustarme el practicarlo o visionarlo. Pero me cuesta pensar en un deporte que odie... Pienso que la mayoría de los detractores del fútbol confunden términos. Y es que una cosa es el deporte en sí, y otra la competción, lo que vemos en la tele, los futbolistas y lo que les rodea, vaya.

Ya así de primeras, mucha de esta gente se ríe cuando al fútbol lo llamo "deporte". Bueno, pues estoy de acuerdo en que habrá otros deportes más sufridos, que provoquen más cansancio, que sean praticados más al límite. Pero quien haya jugado al fútbol un poco en serio, en algún equipo, aunque sea en alguna de las decenas de ligas menores que se desarrollan en casi cualquier localidad española, estará de acuerdo conmigo en que el fútbol es un deporte intenso, físico, de contacto. Yo no he llegado más allá de jugar en la 1ª División de la Liga de Fútbol 7 de Móstoles (tras un ascenso épico) durante algunos años. Pero tras una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, rotura del menisco (también rodilla izquierda), rotura de una muñeca (derecha), fisura en el tendón rotuliano de la rodilla derecha y varios esguinces en ambas muñecas y tobillos... pues no sé, como que un deporte muy "blandito" no se me antoja, no. O eso, o es que a mi lado Robben es Iron Man :D En cualquier caso se suda, y de lo lindo. Si corres y te esfuerzas, claro. Si no te esfuerzas, ni boxeando, sudas.

Muchos, cuando argumentan en contra del fútbol, inmediatamente lo contraponen al baloncesto. Son dos deportes muy diferentes, está claro. El baloncesto es un deporte muy intenso, tal vez se juega más de seguido; es por ello que las dimensiones del campo son más pequeñas, y que la duración de los partidos es menor. Fijémonos, también, en que un deporte como el baloncesto, por seguir con el ejemplo, es de ritmo más constante. En el fútbol muchas veces una determinada posición implica más cambios de ritmo, más "sprints". Lo que acarrea también más posibilidades de lesión, y lesiones realmente serias.

Otro deporte con el que se compara el fútbol es el ciclismo. ¿Cuántas veces habré oído "los ciclistas sí que son deportistas, ésos sí que deberían cobrar lo que cobran los futbolistas"? Ya. Pero los ciclistas, por suerte o por desgracia, no generan ni movilizan el pastizal que el fútbol sí genera, o que genera la Fórmula 1, por poner otro ejemplo.

Y es que de un tiempo a esta parte, el fútbol está tan súper profesionalizado, y mueve tantísima pasta en todo el mundo, que ciertamente se ha desvirtuado un poco... o un mucho. Por poneros un ejemplo, todo el torbellino en torno a la presidencia del Real Madrid, que tan de actualidad está. ¿Qué poder no otorgará ser presidente del equipo blanco, qué dinero y negocios no brindará el puesto, que parecen todos alimañas dispuestos a matar por acceder a él? Es increible.

Puedo entonces entender hasta cierto punto, cuando nos referimos al fútbol profesional, a muchos de sus detractores. La (seguramente) exagerada repercusión de los goles del crack de moda; los grandes clubes, con sus millonadas ridículas e insultantes en fichajes, y sus escándalos institucionales; los ataques de diva de los Cristiano Ronaldo, Beckham, Guti y Sergio Ramos de turno... Así piensan que un futbolista no es más que un niñato malcriado millonario que se ríe de la gente al que no le preocupa más el jugar bien que su peinado; pudiera ser, no seré yo quien diga que no haya casos así. Imagino que cualquier deportista de élite vivirá en algún momento de su carrera en una nube, rodeado de señores come-nabos que le convencerán que cuán bueno es. Y oye, las pastas gansas que cobran los futbolistas también influirán, desde luego.

Pero al igual que lo del ciclista yonki no es más que un tópico (y bastante burdo, dicho sea de paso) lo del futbolista pijo que se toca los huevos también lo es. Que en la Liga española están inscritos más de 400 jugadores, y alguno honrado y currante habrá, ¿no?

Pienso, por poner un ejemplo, en la pasada Eurocopa, y especialmente me acuerdo de los penaltis contra Italia.

David Villa, jugador del Valencia, lanza el primer penalti y lo transforma. Y Villa, en ese momento, no piensa en lo bueno que es, en su cuenta bancaria, en sus Ferraris o en lo bien que le queda el pelo engominado. Puede verse en su cara. Villa marca y corre hacia la grada, saltando, lanzando puñetazos al aire mientras no cesa de gritar "¡toma, toma!" a la hinchada española que le aclama. Eso es con lo que yo me quedo del fútbol. Con su carácter colectivo, competitivo, con ese jugar para la gente, con esa energía, esa alegría.

Porque otra cosa que argumentan los detractores del fútbol es que es un juego individualista. Y también dicen de los futbolistas que "eso no es entrenar", y que "van andando casi todo el tiempo". Pues por partes.

Desde luego las grandes estrellas del fútbol, los que despuntan, los que se llevan la fama, son lo que son porque tras de sí hay un grupo que juega por y para ellos. Messi, por poner un ejemplo, es una auténtica máquina. Messi puede inventarse goles de la nada. Pero si no le asisten los centros de Alves, si no le guarda las espaldas Touré Yaya, si no hay un Pujol evitando goles del contrario, Messi no tiene sentido, Messi jugaría en un equipo perdedor y no sería nada.

Y lo de los entrenamientos. Un jugador profesional se dedica a mantener lo que se ha dedicado a desarrollar durante su infancia-adolescencia. ¿Esos años mozos no han supuesto al futbolista, al igual que al ciclista, al baloncestista o al tenista, un enorme sacrificio? Años de estricta dieta, años de duros entrenamientos, de sustituir juergas por esfuerzo. ¿O acaso a Roberto Carlos le surgieron un día las patorras que tiene, así porque sí?

Dejando estas cosas un poco a un lado, me gustaría desde aquí rendir un par de pequeños homenajes.

En primer lugar me gustaría hacer referencia a un gol que pudimos ver hace unos días, en el partido disputado por Valencia y Racing de Santander, de Copa del Rey, en Mestalla. Me refiero al golazo de chilena marcado por Colsa, jugador del equipo cántabro. Golazo que si hubiese sido marcado por el ya mencionado Messi, por Raúl, Ronaldinho o similar, seguiríamos viendo en las televisiones (tras habernos bombardeado en los telediarios unas 400 veces ya)...



Y en segundo lugar, y con mucho más cariño, quiero hacer mención a una amiga con la que tuve el placer de compartir barrio, colegio, instituto, y muchos partidos de fútbol. Eva Manguán.




Os recomiendo que echéis un vistazo a las webs de Eva (1, 2) quien sigue conquistando trofeos con su equipo, el Encofra de Navalcarnero. No sé si os sonará su nombre, si la conocéis o no.
Pero para quien no sepa nada de ella (por desgracia, el fútbol sala no tiene demasiada repercusión, y mucho menos el femenino), os diré sólo un hecho que habla por sí solo: Eva es la mejor jugadora de fútbol sala de todos los tiempos. Para muestra, un botón.
Leed su biografía, echad un vistazo a su palmarés. Es simplemente alucinante...
Bueno, pues os dejo ya, amigos, por el momento.
Os quiero. ¡Que viva el Fútbol!